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En el etéreo valle de las aguas sempiternas moraba una Princesa. Esta Princesa era muy codiciada pues su padre era poseedor de grandes riquezas y vastos terrenos. Colmada de alhajas, hastiada de lisonjas efímeras, sobrevivía día a día esperando la visita del Juglar. En este mismo valle rondaba un alegre Juglar con su cítara. Pero había algo que permanecía helado dentro de tan calido cuerpo... El Juglar iba todas las semanas a la corte a actuar en las cenas del día grande, El se acorazaba tras sus chanzas, saltos, cantos y acordes para no mirar más de lo debido a la pieza más valiosa de la corona... Esta, a su vez, sonreía ampliamente cada cabriola o improvisación y cuando este tocaba la cítara lentamente ella se reclinaba sobre la mesa olvidando La despertaba de su ensoñación algún portentoso joven, engalanado para la ocasión, ofreciéndole la mano para bailar y ella... Pronto las visitas del Juglar fueron mas frecuentes a petición de la Princesa y eran dos las veces por semana que se veían. Y la Princesa reclinada en su alejado trono soñaba con salir corriendo del palacio, descalza... Y cuando volvía... allí estaba el Juglar cantando una canción solo para ella y le gustaba perderse en la inmensidad de sus oscuros ojos, sabiendo que en ellos había Por si parte el gentil Juglar comenzó a prendarse de la Princesa. Si, la secuestraría y la haría presa, pero no de un elevado torreón. Mas cada día grande el Juglar tocaba para que otro la rondara y aunque cada tarde que pasaban a solas, mas interés mostraba la Princesa, En unas de estas actuaciones en las cenas del día grande, oyó el Juglar a la Princesa hablar con un caballero que la pretendía. - "Buen Caballero, Dime que si me desposas me llevaras a un lugar donde pueda pensar con libertad, donde nadie me quiera juzgar." -"Pero Princesa. Bien sabeis que quien os despose vivirá con su merced en el castillo" Ella bajaba la cabeza cabizbaja, desilusionada...mas lo quiso intentar una vez más. -" Vos sois del agrado de mi padre, tiene depositada confianza en vos. Yo anhelo ver el cielo nocturno desde el valle. ¿Porque no me sacáis esta noche? Nunca he salido -" Oh no, Princesa! Jamás haría nada que contrariara a vuestro padre, nada que me perjudicara a la hora de..." -" a la hora ¿de?... MARCHAOS! QUE PARE LA MUSICA!" Y la Princesa se fue desolada a su estancia. Poco tardo en urdir un plan el Juglar y antes de marchar del castillo paso una nota a la Princesa a través de una criada que un día cortejo. "Esta noche. En los jardines. Te daré una a una todas las estrellas" Algo la empujaba a confiar en el y así se vieron en los jardines. Muchacho valiente era este Juglar, que a pesar de todas las contradicciones, saco esa noche a la Princesa del castillo. Ella colaboro gustosa, divertida, deseosa... Y lejos del castillo, tras caminar por un bosque que la aterraba, haciéndola asirse al brazo del Juglar con fuerza, para regocijo de este, Entonces el Juglar movió con delicadeza la cabeza de la Princesa hacia el cielo y esta quedo prendada por completo. No lo imaginaba algo tan hermoso, emocionada, abrió los brazos y cerro los ojos para sentir el frío viento en sus mejillas. Cuando volvió en si, el Juglar la miraba... Ella se sintió libre,sintió la libertad que emanaba de su ser y lo abrazo. Y entonces el le canto la canción que le había compuesto... "Escuche tu suspiro tan lejos de mi, Sabes que nuestro sueño es sagrado y no fallara, Emocionada cerró los ojos y sintió el verdadero calor... el de un sincero beso. La noche acabo, la Princesa volvió y nadie pareció percatarse. Cuan feliz era con su secreto, el de ambos y su sueño... El rey se entero. La Princesa enfermo de tristeza. La mantenía consciente el sonido de la cítara del Juglar que cada noche tocaba en su prisión, sabía que esa hermosa melodía era solo para ella "Me llega a mis oídos que la pena os ha enfermado, y os prometo añadir una nota cada noche a tu melodía hasta que mejores, alma mía, y mientras Y besando esta nota, dormía al arrullo de su melodía. El Rey iracundo por el descaro del Juglar mas misericordioso con su persona, no mando matarlo, pero lo desterró, sin avisar de esto a la Princesa. Esa noche la Princesa no oyó su melodía esa noche, ni la siguiente, ni la siguiente... Y en aquella lejana mazmorra en la que el Juglar quedo recluido hasta el fin de sus días, el siguió tocando su melodía....una melodía eterna. La leyenda asegura que en las noches de viento, este silba su melodía, su promesa inacabada... Imagen de blackeri de deviantart |
PULSAY :: Ya soy leon...Mirame bien, contemplaras alguien que no has visto jamas.
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